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Carta del Prelado (diciembre 2009)

Diciembre ofrece muchas oportunidades para prepararse al nacimiento de Jesús: la decoración de las calles, la liturgia, las alegrías y penas del día a día, nuestros logros e incluso los propios errores. Así lo señala el Prelado en su carta de este mes.

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Se avecina otra vez, con su novedad maravillosa, la Navidad; una fiesta que se celebra en casi todas partes; también en lugares donde apenas se conoce a Cristo. Para muchos —y causa pena—, se limita a una ocasión de hacer y recibir regalos, de tomarse unos días de descanso, o, sencillamente, de pasar más tiempo en familia. Los que hemos recibido el don de la fe, conocemos el verdadero significado de esta celebración: cada Navidad ha de ser para nosotros un nuevo especial encuentro con Dios, dejando que su luz y su gracia entren hasta el fondo de nuestra alma.

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Carta del Prelado (Noviembre 2009)

El año sacerdotal ayuda a recordar que todos los cristianos tienen que acercar, con sus propias vidas, a Jesucristo a los demás. Este es el tema central de la carta pastoral del Prelado del Opus Dei.

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Al comenzar el mes de noviembre del Año sacerdotal, me gusta pensar que está enmarcado por dos fiestas litúrgicas en las que se pone de relieve el carácter sacerdotal del Pueblo de Dios: la solemnidad de Todos los Santos y la de Cristo Rey. En la primera, que celebramos hoy, se muestra el sacerdocio de Cristo en sus miembros, los cristianos; en la segunda, el día 22, se manifiesta que nuestra Cabeza, Jesucristo, es Sacerdote eterno y Rey del universo[1], que con su venida gloriosa al final de los tiempos tomará posesión de su Reino y lo entregará a Dios Padre[2].

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La transmisión de la fe en el postmodernismo: en y desde la familia. Jutta Burggraff

Traemos un artículo de la teóloga alemana Jutta Burggraff de gran interés por su actualidad y claridad. Para leerlo entero, pulsar en el título.

La transmisión de la fe en el postmodernismo: en y desde la familia

Introducción

Vamos a hablar sobre la transmisión de la fe. Me refiero a los hijos, a otros parientes, a los amigos, vecinos y colegas: a todos los que entran en una casa alegre y abierta; en una casa abierta a personas de todo tipo y condición, de todos los colores y de todas las creencias. Queremos dialogar con todos, como nos enseñó San Josemaría Escrivá, el Fundador del Opus Dei, al que debemos tanto.

Quiero empezar nuestra reflexión con una escena que nos presentó Nietzsche hace más de cien años. En su libro “La gaya ciencia”, este filósofo tan perspicaz hizo gritar a un hombre loco: «¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!… ¿A dónde se ha ido Dios?» … Os lo voy a decir… «¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros le hemos matado!… Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos». … Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y le miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos, y se apagó. «Vengo demasiado pronto —dijo entonces—, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres» [1].

Hoy, un siglo más tarde, podemos constatar que este “enorme suceso” sí ha llegado a los oídos de gran parte de nuestros contemporáneos, para los que “Dios” no es nada más que una palabra vacía. Se habla de un actual “analfabetismo religioso”, de una ignorancia incluso de los conceptos más básicos de la fe [2].

Algunos se han preguntado si un niño, que no conoce la palabra “gracias”, puede estar agradecido: porque el lenguaje no sólo expresa lo que pienso, también lo detiene. En todo caso, lo determina muy profundamente. Podemos comprobarlo en los diferentes idiomas. Hablar chino o francés, no quiere decir simplemente, cambiar una palabra por otra, sino tener otros esquemas mentales y percibir el mundo según las circunstancias de cada lugar. Algunas tribus de Siberia, por ejemplo, tienen muchas palabras distintas para la “nieve” (dependiendo de si es blanca o gris, dura o blanda, nueva o antigua), mientras que los pueblos árabes disponen de un sinnúmero de palabras para “caballo”. Si se tiene esto en cuenta, se puede comprender que Carlos V afirmó: “Cuantos idiomas hablo, tantas veces soy hombre”.

Con respecto al tema religioso, podemos concluir: si vivo en un mundo secularizado e ignoro el lenguaje de la fe, es humanamente imposible llegar a ser un cristiano.

Carta del Prelado (octubre 2009)

El Prelado reflexiona sobre el valor santificador del trabajo y, ante el momento de crisis global, invita en su carta a “acrisolar la fe, fomentar la esperanza y favorecer la caridad”.

01 de octubre de 2009

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Mañana, 2 de octubre, agradeceremos al Señor un nuevo aniversario de la fundación del Opus Dei; y cuatro días más tarde, el 6 de octubre, se cumplirá el séptimo de la canonización de nuestro Fundador. En la cercanía de estas dos fechas, pienso que nos viene bien meditar en esta sobrenatural intuición de nuestro Fundador, como la calificó Juan Pablo II[1]: el valor santificador del trabajo ordinario en medio del mundo, la necesidad de aprovechar el acontecer cotidiano, para responder al encuentro permanente que el Señor desea mantener con cada una y cada uno de nosotros. Se comprende perfectamente que nuestro Padre se volviera “loco de amor” al meditar con hondura las palabras que manifiesta Dios a través del profeta: meus es tu[2].

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PDF: Carta del Prelado (octubre 2009)

Viaje desde Vigo a Madrid para la Manifestación por la Vida

Viaje desde Vigo a Madrid para la Manifestación por la Vida

Carta del Prelado (septiembre 2009)

El Prelado del Opus Dei

El Prelado del Opus Dei

Ante la experiencia de nuestros errores y las contrariedades del día a día, el Prelado del Opus Dei aconseja acercarse a la Virgen. Carta pastoral de septiembre.

Comienza otro mes rico en fiestas de la Santísima Virgen que, como siempre, colman de gozo el corazón de los que nos sabemos hijos suyos. Para mí, además, conserva especiales remembranzas porque fue un 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, cuando pedí la admisión en el Opus Dei. Siempre he considerado que se trató —como es el caso de todos— de una caricia de nuestra Madre en su fiesta.

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Carta del Prelado (agosto 2009)

D. Javier EchevarríaCarta mensual del Prelado, en esta ocasión desde México. Las fiestas marianas del mes de agosto sirven a Mons. Echevarría para invitarnos a imitar la vida ordinaria y cercana a Cristo de la Madre de Dios.

04 de agosto de 2009
Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Assumpta est Maria in cælum, gaudet exercitus angelorum[1]; María ha sido llevada al cielo, en cuerpo y alma, y los ángeles participan de ese gozo. También todos los cristianos nos llenamos de alegría, porque la Virgen vive eternamente en la plenitud de Dios, contempla y ama a la Trinidad Santísima en la gloria del Cielo.

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Jornada de la Familia en Torreciudad, Visita a Lourdes

Torreciudad

Torreciudad

Torreciudad-Lourdes
11-13 de Septiembre 2009

Plan del viaje:

Día 11.- Salida a las 3,30 de la tarde
Iglesia de Fátima y Plaza de España
Noche en Logroño (Hotel Ciudad de Logroño)

Día 12.- Logroño – Torreciudad.
Jornada Mariana de la Familia en Torreciudad.
Salida para Lourdes.
Noche en Lourdes (Hotel Acadia)

Día 13.- Lourdes.
Mediodía salida para Vigo.
Llegada a medianoche a Vigo.

Precio: 165 €
Incluye: viaje en bus alojamiento y desayuno en Logroño, alojamiento, cena, desayuno y comida en Lourdes. Niños, precio reducido.

Organiza: Silleiro. Información: 679115401/986-439700

Síntesis de la Encíclica “Caritas in veritate”

CIUDAD DEL VATICANO, 7 JUL 2009 (VIS).-Sigue la síntesis facilitada por la Oficina de Prensa de la Santa Sede de la nueva encíclica de Benedicto XVI, “Caritas in veritate”: La Caridad en la verdad, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad .

La Encíclica, publicada hoy, consta de una introducción, seis capítulos y una conclusión y está fechada el 29 de junio de 2009, solemnidad de San Pedro y San Pablo.

“En la Introducción -explica la síntesis- el Papa recuerda que la caridad es “la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia”. Por otra parte, dado el “riesgo de ser mal entendida o excluida de la ética vivida” advierte de que “un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales”.

“El desarrollo (…) necesita esta verdad”, escribe Benedicto XVI y analiza “dos criterios orien­tadores de la acción moral: la justicia y el bien común. (…) Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis. Ésta es la vía institucional del vivir social”.

El primer capítulo está dedicado al “Mensaje de la “Populorum progressio” de Pablo VI que “reafirmó la importancia imprescindible del Evangelio para la construcción de la sociedad según libertad y justicia”. “La fe cristiana -escribe Benedicto XVI- se ocupa del desarrollo no apoyándose en privilegios o posiciones de poder (…) sino solo en Cristo”. El pontífice evidencia que “las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material”. Están ante todo en la voluntad, el pensamiento y todavía más “en la falta de fraternidad entre los hombres y los pueblos”.

“El desarrollo humano en nuestro tiempo” es el tema del segundo capítulo. “El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último -reitera el Papa- corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza” Y enumera algunas distorsiones del desarrollo: una actividad financiera “en buena parte especulativa”, los flujos migratorios “frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra”. Frente a esos problemas ligados entre sí, el Papa invoca “una nueva síntesis humanista”, constatando después que “el cuadro del desarrollo se despliega en múltiples ámbitos: (…) crece la riqueza mundial en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades (…) y nacen nuevas pobrezas”.

“En el plano cultural -prosigue- (…) las posibilidades de interacción” han dado lugar a “nuevas perspectivas de diálogo”, (…) pero hay un doble riesgo”. En primer lugar “un eclecticismo cultural” donde las culturas se consideran “sustancialmente equivalentes”. El peligro opuesto es el de “rebajar la cultura y homologar los (…) estilos de vida”. Benedicto XVI recuerda “el escándalo del hambre” y auspicia “una ecuánime reforma agraria en los países en desarrollo”.

Asimismo, el pontífice evidencia que el respeto por la vida “en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos” y afirma que “cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida acaba por no encontrar la motivación y la energía necesarias para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre”.

Otro aspecto ligado al desarrollo es el “derecho a la libertad religiosa. La violencia – escribe el Papa-, frena el desarrollo auténtico” y esto “ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración fundamentalista”.

“Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil” es el tema del tercer capítulo, que se abre con un elogio de la experiencia del don, no reconocida a menudo, “debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. (…) El desarrollo, (…) si quiere ser auténticamente humano, necesita en cambio dar espacio al principio de gratuidad”, y por cuanto se refiere al mercado la lógica mercantil, ésta debe estar “ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política”.

Retomando la encíclica “Centesimus annus” indica “la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil” y espera en “una civilización de la economía”. Hacen falta “formas de economía solidaria” y “tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco”.

El capítulo se cierra con una nueva valoración del fenómeno de la globalización, que no se debe entender solo como “un proceso socio-económico”. (…) La globalización necesita “una orientación cultural personalista y comunitaria abierta a la trascendencia (…) y capaz de corregir sus disfunciones”.

En el cuarto capítulo, la Encíclica trata el tema del “Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente”. “Gobierno y organismos internacionales -se lee- no pueden olvidar “la objetividad y la indisponibilidad” de los derechos. A este respecto, se detiene en las “problemáticas relacionadas con el crecimiento demográfico”.

Reafirma que la sexualidad no se puede “reducir a un mero hecho hedonístico y lúdico”. Los Estados, escribe, “están llamados a realizar políticas que promuevan la centralidad de la familia”.

“La economía -afirma una vez más- tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de cualquier ética sino de una ética amiga de la persona”. La misma centralidad de la persona, escribe, debe ser el principio guía “en las intervenciones para el desarrollo” de la cooperación internacional. (…) Los organismos internacionales -exhorta el Papa- deberían interrogarse sobre la real eficacia de sus aparatos burocráticos”, “con frecuencia muy costosos”.

El Santo Padre se refiere más adelante a las problemáticas energéticas. “El acaparamiento de los recursos” por parte de Estados y grupos de poder, denuncia, constituyen “un grave impedimento para el desarrollo de los países pobres”. (…) “Las sociedades tecnológicamente avanzadas -añade- pueden y deben disminuir la propia necesidad energética”, mientras debe “avanzar la investigación sobre energías alternativas”.

“La colaboración de la familia humana” es el corazón del quinto capítulo, en el que Benedicto XVI pone de relieve que “el desarrollo de los pueblos depende sobre todo del reconocimiento de ser una sola familia”. De ahí que, se lee, la religión cristiana puede contribuir al desarrollo “solo si Dios encuentra un puesto también en la esfera pública”.

El Papa hace referencia al principio de subsidiaridad, que ofrece una ayuda a la persona “a través de la autonomía de los cuerpos intermedios”. La subsidiariedad, explica, “es el antídoto más eficaz contra toda forma de asistencialismo paternalista” y es más adecuada para humanizar la globalización”.

Asimismo, Benedicto XVI exhorta a los Estados ricos a “destinar mayores cuotas” del Producto Interno Bruto para el desarrollo, respetando los compromisos adquiridos. Y augura un mayor acceso a la educación y, aún más, a la “formación completa de la persona” afirmando que, cediendo al relativismo, se convierte en más pobre. Un ejemplo, escribe, es el del fenómeno perverso del turismo sexual. “Es doloroso constatar -observa- que se desarrolla con frecuencia con el aval de los gobiernos locales”.

El Papa afronta a continuación al fenómeno “histórico” de las migraciones. “Todo emigrante, afirma, “es una persona humana” que “posee derechos que deben ser respetados por todos y en toda situación”.

El último párrafo del capítulo lo dedica el Pontífice “a la urgencia de la reforma” de la ONU y “de la arquitectura económica y financiera internacional”. Urge “la presencia de una verdadera Autoridad política mundial” (…) que goce de “poder efectivo”.

El sexto y último capítulo está centrado en el tema del “Desarrollo de los pueblos y la técnica”. El Papa pone en guardia ante la “pretensión prometeica” según la cual “la humanidad cree poderse recrear valiéndose de los ‘prodigios’ de la tecnología”. La técnica, subraya, no puede tener una “libertad absoluta”.

El campo primario “de la lucha cultural entre el absolutismo de la tecnicidad y la responsabilidad moral del hombre es hoy el de la bioética”, explica el Papa, y añade: “La razón sin la fe está destinada a perderse en la ilusión de la propia omnipotencia”. La cuestión social se convierte en “cuestión antropológica”. La investigación con embriones, la clonación, lamenta el Pontífice, “son promovidas por la cultura actual”, que “cree haber desvelado todo misterio”. El Papa teme “una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos”.

En la Conclusión de la Encíclica, el Papa subraya que el desarrollo “tiene necesidad de cristianos con los brazos elevados hacia Dios en gesto de oración”, de “amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz”.

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Carta del Prelado (julio 2009)

En la carta que dirige este mes a los fieles de la Obra, Mons. Javier Echevarría anima a agradecer a Dios el don que supone cada sacerdote, porque “el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”.

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Reciente aún la fiesta de San Josemaría, mi corazón y mi mente se dirigen a nuestro Padre, y deseo acudir a su intercesión con continuada frecuencia y con mayor intensidad. Al reflexionar en su figura sacerdotal, en su respuesta generosísima a lo que el Señor le mostró el 2 de octubre de 1928, descubrimos una vez más la inmensa eficacia de un sacerdote santo. ¡Cuántas veces nos comentaba que los sacerdotes no se salvan solos: siempre van acompañados de una cohorte de almas! De ahí la necesidad de que los cristianos recemos incansablemente por la santidad de los ministros de Cristo, para que, dándose de lleno al ministerio recibido y siendo fieles a su vocación, abran la vía del Cielo a una muchedumbre inmensa.

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