Las numerosas celebraciones litúrgicas de este mes de junio sirven de guía a la carta que el Prelado del Opus Dei dirige a los fieles de la Obra.
Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!
El Sacrificio eucarístico, al que Cristo nos convoca cada día, nos introduce en el corazón del Misterio pascual. Cada vez que celebramos o asistimos a la Santa Misa, participamos en el supremo acto de amor que Cristo realizó en la Cruz, y al que ordenó toda su vida. Pero hay momentos y circunstancias en que la adoración y la acción de gracias, la reparación y la súplica que elevamos a Dios por Cristo, en la Santa Misa, adquieren un relieve especial.
A este júbilo y gratitud a Dios por un don tan grande —que hemos de actualizar en cada jornada— se unen las celebraciones litúrgicas de las solemnidades que hemos celebrado o celebraremos en estos días, porque nos ponen en íntima comunión con diversos aspectos del misterio de Cristo y nos comunican al mismo tiempo gracias específicas.